
El Gobierno de Javier Milei busca ratificar un tratado con Estados
Unidos que incluye una cláusula central: reconocer a la potencia del
norte como un país con protección adecuada de datos personales. Lo que
parece un trámite administrativo es, en rigor, un volantazo geopolítico.
Así lo define el Observatorio de Derecho Informático Argentino
(O.D.I.A.), que a través de un detallado hilo en la red social X y en
comunicación con PERFIL, su presidente, el abogado Tomás Pomar, encendió
todas las alarmas. Declarar a un país adecuado no es simbólico,
advierten. Significa que los datos tus historias clínicas, tus finanzas,
los registros del Estado pueden fluir hacia servidores en EE.UU. de
forma automática, sin salvaguardas adicionales. En términos jurídicos,
la diferencia es clave. Significaría que los datos personales podrán
transferirse a EE.UU. sin requisitos adicionales. Lo que hoy es una
excepción pasaría a ser la regla. La transferencia deja de ser
excepcional y pasa a ser jurídicamente normal, explicaron.
La sombra del caso Snowden
Para
entender la gravedad, hay que mirar el mapa global. Argentina siempre
estuvo alineada al estándar europeo (Convenio 108 y 108+), el más
robusto del mundo en derechos humanos y privacidad. Sin embargo, Estados
Unidos es el país de los escándalos de vigilancia. Como bien recordó el
periodista Santiago O'Donnell en sus investigaciones sobre Edward
Snowden, las revelaciones del excontratista de la NSA demostraron que
las agencias de inteligencia estadounidenses tienen acceso masivo a
cualquier información alojada en infraestructura bajo su jurisdicción.
Esto no es una teoría conspirativa: es ley en Estados Unidos (FISA
Section 702).
Por este motivo, la Unión Europea ya anuló dos acuerdos
previos con EE.UU. en los famosos casos Schrems I (2015) y Schrems II
(2020). El tribunal europeo determinó que EE.UU. no ofrece garantías
suficientes frente al espionaje estatal. "Ahora Argentina pretende
asumir como suficiente un estándar que el mundo civilizado cuestiona por
la relación promiscua entre infraestructura digital e inteligencia
estatal", señalan desde O.D.I.A. El cerrojo legal que el Gobierno busca
abrir
Hasta hoy, la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales
funciona como un dique de contención. En su artículo 12, la norma
establece una prohibición general: no se pueden transferir datos a
países que no proporcionen niveles de protección adecuados. Es el
concepto de "puerto seguro".
En diálogo con PERFIL, Tomás Pomar
desmitificó la idea de que la información hoy esté "atrapada" en las
fronteras nacionales: "La transferencia hoy no está prohibida, está
regulada. Lo que sucede es que, para migrar datos a países 'no seguros',
se requiere un consentimiento especial y explícito del titular. Al
declarar a EE.UU. como 'adecuado', ese paso desaparece. La transferencia
deja de ser una excepción vigilada para volverse la norma estructural".
¿Por qué EE.UU. nunca entró al "club de los seguros"?
Actualmente,
Argentina reconoce a un selecto grupo de jurisdicciones bajo la
Disposición 60-E/2016 y la Resolución 34/2019 (que incorporó al Reino
Unido tras el Brexit). En esa lista figuran la Unión Europea, Uruguay,
Israel y Nueva Zelanda. Son países que, tras auditorías técnicas de la
Agencia de Acceso a la Información Pública (AAIP), demostraron
estándares de privacidad equivalentes a los nuestros.
Estados Unidos
siempre fue el gran ausente. Y no por falta de peso comercial, sino por
una incompatibilidad de raíz: mientras que el modelo argentino y europeo
protege el dato como un derecho humano, el modelo estadounidense lo
trata como un activo comercial sujeto a la vigilancia de sus agencias de
inteligencia.
Para el O.D.I.A., el cambio que se busca introducir
saltea el análisis técnico que siempre se hacía: antes se evaluaba si la
ley del otro país realmente protegía a los argentinos; ahora se
intentaría declarar la “adecuación” por una decisión política, pese a
que la justicia internacional ya cuestionó reiteradamente la seguridad
de los servidores bajo jurisdicción estadounidense.
El movimiento no
sólo modificaría la seguridad jurídica de los usuarios. Como advierte
Pomar, también puede alterar el trabajo cotidiano de miles de empresas
locales, que a partir de la firma podrían terminar con sus bases de
datos migrando a infraestructuras donde el Estado argentino ya no tiene
capacidad real de control ni capacidad de reclamo.
En este sentido,
O.D.I.O fue tajante al desarmar los argumentos oficiales. Mientras el
canciller, Pablo Quirno, sugirió que esto es similar a aceptar los
términos de TikTok, Pomar aclara a este medio la asimetría: "Un usuario
toma una decisión privada; un tratado fija reglas estructurales para
todo el país y limita la capacidad futura de regular".
Posteos O.D.I.A. 10022026
El
informe menciona el caso reciente del juez de la Corte Penal
Internacional, el francés Nicolas Guillou: tras aprobar en 2024 órdenes
de arresto contra funcionarios israelíes, fue sancionado por Estados
Unidos y quedó sin acceso a su iPhone, sus correos y sus cuentas
bancarias. Desde el Observatorio señalaron que ese antecedente muestra
que la discusión excede la privacidad individual. “Si alojás todos los
servicios del Estado afuera y mañana recibís una sanción de ese país,
perdés tus activos digitales. Te desconectan y no tenés a quién
reclamar”, alertó Pomar a PERFIL.
Este fenómeno es lo que los
académicos Nick Couldry y Ulises Mejías llaman "colonialismo de datos":
la extracción de información desde la periferia (nosotros) hacia el
centro (EE.UU.), donde se concentra el control, la infraestructura y las
ganancias. Argentina, al desfinanciar proyectos como el Datacenter de
ARSAT en Benavídez (uno de los más seguros de la región), abandona la
idea de una infraestructura soberana para comprar lo que Pomar llama "el
monorriel": soluciones mágicas que ocultan problemas estructurales.

